A. EL SUFRIMIENTO DEL SUFRIMIENTO
Primero piensa en todos los problemas
que tu CUERPO experimenta cotidianamente: dolores y males, frío y calor, hambre
y sed, vista defectuosa, dolores de oído, cortes y quemaduras, pesadez, tensión
muscular, fatiga... La lista sería interminable. Recuerda esas experiencias y
cuán raramente estás libre siquiera de uno de estos SUFRIMIENTOS.
Piensa ahora en los SUFRIMIENTOS
físicos más severos que has experimentado en el pasado y en la posibilidad de
que te ocurran de nuevo; no hay garantía de que no te vayan a suceder.
Piensa en el SUFRIMIENTO físico que
experimentarás en la vejez. Imagínate con tu cuerpo gastado, arrugado y sin
funcionar bien. Finalmente llegará la muerte. Piensa en las diferentes formas
en que puedes morir y en el SUFRIMIENTO del cuerpo en ese momento.
Contempla el hecho de que, como
cualquier otra cosa material, la naturaleza del cuerpo es el cambio, sentir
dolor, degenerar y finalmente morir. Por tanto, no es realista ni sabio
apegarse a él.
Ahora lleva tu mente a observar tu
SUFRIMIENTO MENTAL Y EMOCIONAL. Recuerda experiencias pasadas de soledad,
angustia, pena, frustración, celos, enfado, temor,
confusión, depresión, ansiedad... Ve hacia atrás en tu vida y observa
cómo raramente dejaste de experimentar al menos una de estas emociones.
Revívelas.
Ahora examina tu estado mental
actual. ¿Tu mente está ansiosa, enfadada, confusa, agitada, deprimida? Piensa
en el SUFRIMIENTO mental que probablemente tendrás en el futuro, cuando las
personas queridas mueran o te dejen, cuando tú mismo te mueras o cuando ocurran
multitud de cosas en tu vida que te hacen SUFRIR en mayor o menor grado.
Amplía tus pensamientos hasta incluir
las experiencias de los demás. En este preciso instante, todos los seres que
existen, debido a que poseen una menta confusa y un cuerpo que se deteriora,
están SUFRIENDO alguna forma de dolor físico o mental, desde la menor
incomodidad hasta el SUFRIMIENTO más grave.
Empieza por la gente que conoces: tus
amigos, parientes y vecinos. Algunos están enfermos, otros son viejos, o están
deprimidos, ansiosos, insatisfechos, solos... Después piensa en la gente que no
conoces y cuyas vidas están marcadas por la guerra, la pobreza, el desempleo,
el racismo, la enfermedad o la opresión política. También contempla los
SUFRIMIENTOS cotidianos de los animales y otras criaturas: hambre, dolor, frío,
falta de libertad, temor a ser sacrificados...
Hazte consciente de que todos esos
incontables seres vivientes tienen un continuo de conciencia igual que la tuya:
todos reaccionamos con gozo ante la bondad y la belleza, con temor ante el
dolor y el mal y con enfado ante lo que amenaza nuestra paz y la de los seres
queridos. Todos tratamos de ser felices y de evitar problemas, pero en este
mundo nos encontraremos con una situación dolorosa tras otra.
B. EL SUFRIMIENTO DEL CAMBIO
Este nivel más sutil de SUFRIMIENTO se refiere a las
experiencias que consideramos como placer. Se consideran SUFRIMIENTO porque no
perduran. Cualquier buena experiencia se acaba sin satisfacernos plenamente y,
en cambio, nos lleva a desear repetirla, con la esperanza de encontrar la
satisfacción que creemos que nos debe proporcionar.
Piensa en cualquier experiencia placentera: una buena
comida, el sexo, un día en la playa, esquiar, la música, el cine, un bello
atardecer. Incluso cuando te sientas cómodamente en un sillón, tarde o temprano
necesitarás cambiar de posición, ya que la comodidad se transforma en
incomodidad. Si te sientas cerca del fuego en un día frío, será muy agradable
al principio, pero pronto necesitarás apartarte porque sentirás demasiado
calor.
Examina cuidadosamente tu vida y comprueba si esto es
verdad o no. Recuerda algunas experiencias buenas. ¿Perduran? ¿Te dejan
satisfecha de verdad? Si el placer es verdadero ¿por qué no sientes como tal
indefinidamente? ¿Puedes encontrar un ejemplo de felicidad duradera en tu vida
o en la de otros? Contempla como todo cambia; como las experiencias, no importa
cuán placenteras sean, no perduran, sino que conducen inevitablemente a la
insatisfacción, a la irritabilidad, al aburrimiento o a la soledad.
Es la propia naturaleza de todas las cosas: cambian y a
la larga se acaban. Incluso una relación excelsa tiene sus altibajos y,
finalmente, acabará con la muerte. Las personas bellas se hacen viejas y
canosas y, finalmente, mueren. El poder no perdura y la fortuna se pierde. Las
flores se marchitan, los ocasos se desvanecen y las fiestas se acaban.
Concluye esta parte de la meditación decidiendo
FIRMEMENTE que no es razonable apegarse a ninguna persona u objeto como medio
de conseguir una satisfacción perdurable, y que, en realidad, trae el resultado
opuesto.
C. EL SUFRIMIENTO QUE ABARCA
TODO
Éste es incluso más sutil que
el SUFRIMIENTO DEL CAMBIO. Se refiere a nuestra propia existencia como seres
ordinarios, no iluminados. Al faltarnos el conocimiento intuitivo y directo de
la verdadera naturaleza de las cosas, estamos sujetos por ataduras. Por un lado
experimentamos en cada momento los efectos de causas previas y, por el otro,
estamos creando en cada momento causas para futuros efectos. Este preciso
momento de existencia es, a la vez, el efecto del SUFRIMIENTO pasado y la causa
del SUFRIMIENTO futuro.
El hecho de encontrarnos atrapados en
este ciclo, en esta compleja red de problemas, es, en sí mismo, el SUFRIMIENTO
QUE ABARCA TODO. Deja que tu mente se empape de esta idea. Genera una fuerte
sensación de este dilema que se perpetúa a sí mismo y que es tu existencia.
Entonces contempla como hay innumerables seres vivientes que, como tú, están
atrapados en este ciclo que parece no tener fin.
Pero hay una salida de ese ciclo. Al
existir una causa del SUFRIMIENTO (nuestra visión incorrecta de cómo existen
las cosas), hay un remedio para poner fin a ese SUFRIMIENTO (el desarrollo de
la comprensión correcta de la naturaleza de la realidad que puede acabar con la
confusión y el hábito de dejarse llevar por los caprichos del ego.)
Mientras tanto, podemos utilizar
nuestra vida y energía de una forma positiva, ayudando a los demás con amor y
generosidad, y contrarrestando las actitudes negativas cuando surgen en nuestra
mente. Conforme vaya creciendo nuestra comprensión de la realidad, también lo
hará el desapego por las cosas ordinarias y transitorias, y la maraña de
nuestra red de confusión se desenredará gradualmente. Finalmente, esta
comprensión se convertirá en una percepción directa e intuitiva de la vacuidad,
lo que elimina, de una vez por todas, la propia raíz del SUFRIMIENTO.
Reconocer la naturaleza dolorosa e
insatisfactoria de la vida es bastante difícil, pero es la única salida.
MIENTRAS CONTINUEMOS ESCAPANDO DE LA REALIDAD DEL SUFRIMIENTO Y NO APRENDAMOS A
TRATAR HONESTAMENTE CON LOS ASPECTOS BURDOS Y DESCONTROLADOS DE LA MENTE,
CONTINUAREMOS DANDO VUELTAS EN LA CONFUSIÓN. La conciencia del SUFRIMIENTO nos
da la energía necesaria para penetrar la naturaleza de la realidad.
Concluye tu sesión de modo optimista,
con determinación de vivir tu vida inteligentemente y de hacer lo que puedas
para vencer el SUFRIMIENTO.
Dedica todas tus buenas intenciones y
energía para que crezca la sabiduría en ti y en los demás.
LA MEDITACIÓN EN LA VIDA COTIDIANA
Cada día experimentamos multitud de contrariedades. Nuestra reacción
habitual es la de librarnos de ellas o esperar que pasen lo más rápido posible.
Será muy bueno si, antes de buscar un calmante, encender la TV, buscar en la
nevera o llamar a un amigo, dedicamos algunos minutos a EXPERIMENTAR
simplemente el dolor. Esto es SUFRIMIENTO.
Debido a que habitualmente evitamos afrontar y relacionarnos con el
dolor, es difícil investigar honestamente en la meditación la realidad del
SUFRIMIENTO. Por tanto, debemos aprender a utilizar nuestras propias
experiencias cotidianas cuando ocurren, para profundizar en nuestra comprensión
del SUFRIMIENTO. Esto no significa que nos sintamos miserables o tensos.
Podemos permanecer conscientes del SUFRIMIENTO y no por ello perder el sentido
del humor. Tanto la felicidad como el SUFRIMIENTO son impermanentes,
experiencias transitorias. No debemos subrayar una más que otra, sino reconocer
la naturaleza cambiante de ambas.
Cuando la gente a nuestro alrededor sufra, debemos ser sensibles y
compasivos, ayudándoles como mejor podamos. No debemos involucrarnos de tal
forma que sus problemas se conviertan en nuestros problemas y nos pongamos
tensos y preocupados por ellos. Podremos evitarlo recordando que TANTO LA CAUSA
COMO LA SOLUCIÓN DE CUALQUIER PROBLEMA SE ENCUENTRA EN LA MENTE DE LA PERSONA
QUE LO SUFRE. DEPENDE DE ELLA O EL BUSCAR LA SALIDA. Mientras seamos cariñosos
y amables y hagamos lo que podamos para aliviar su dolor, no debemos sentirnos
culpables o incapaces pensando que debemos hacer más.
Cuando nos descubramos aferrándonos a una cosa, una situación o una
persona en nuestra vida, debemos recordar que la felicidad que experimentamos
es transitoria y que no puede acabar de ninguna forma con nuestros problemas.
Con los problemas, físicos o mentales, debemos pensar: "Esto es
pasajero. En algún momento desaparecerá, pero LOS PROBLEMAS Y EL SUFRIMIENTO ME
SEGUIRÁN AQUEJANDO HASTA QUE TRANSFORME MI MENTE Y ELIMINE TODAS LAS CAUSAS DE
SUFRIMIENTO."