EN CAMINO A LA UNIDAD



LA 
ÚLTIMA CONCEPTUALIZACIÓN DE LA NATURALEZA




Un impulso de un bosque primaveral
Puede enseñarte más sobre el hombre,
Del mal moral y el bien,
Que todos los sabios.

~William Wordsworth, "The Tables Turned," 1798.



En cada ser humano existe la unidad con todo lo que vive. La identidad y la dualidad generan la distancia de la mente humana.

No es suficiente sentir esa unión con la cognición. Debes entrar mediante la Contemplación recta desde el devenir de la conciencia y seguir ahí con la última concepualización de la naturaleza con sus dos aspectos, la  concepción y la cesación.



La Contemplación

Primero, permitidme que repita las instrucciones para Shén con respecto a la naturaleza:

1.  Primero, hay que examinar la naturaleza de la Naturaleza, la última conceptualización (Última Conciencia) de la supervivencia de la totalidad del ambiente a través de la destrucción catastrófica.

2.  Luego conceptualizamos la presencia de un cataclismo natural. Hay que trabajar con la sensibilidad natural varias situaciones en las que el medio ambiente pueda desaparecer para siempre.

3.  Te pones en meditación y esperas una experiencia de la supervivencia (la conquista en la perpetuación del ambiente) o la no supervivencia (la destrucción definitiva) ante esos cataclismos.

4.  Desarrolla finalmente la naturaleza de la Naturaleza sin la presencia cognitiva de la Identidad, como punto de partida para entrar en contemplación.


Siente la naturaleza con la mente cognitiva como algo sublime y asombroso y, a la vez, su destrucción natural (sea de la vida misma o del ambiente que la sustenta) como una experiencia terrible. Otra alternativa es empezar con el desastre y completar lo majestuoso de la vida con el asombro de la supervivencia, ambos con el mínimo apego posible de la identidad… Ahora, sentid que esos dos aspectos son uno… La vida y muerte de lo que es natural es la naturaleza misma.

Ahora proyectad la experiencia de la mente dual (un acontecimiento positivo) como última conceptualización de NATURALEZA y morad en esa conceptualización sin ningún otro pensamiento consciente… manteniendo intactos el devenir y la conciencia de la respiración como fondo, morad en eso continuamente y tan a menudo como sea posible… esperando la experiencia y su discernimiento.




Árboles Caídos



Cuando paso delante de un montón de árboles gigantes caídos en el bosque, apilados en todas partes, ángulos agudos, ramas clavando el aire, los unos apoyados en los otros, me pregunto, ¿de qué manera puedo yo “ser” la Naturaleza?

Sé que esos árboles habían estado derribados por la fuerza del viento de un vendaval y que un año después, el peso de la nieve de una ventisca acabó con la faena… y esto lo sé porque estaba presente en las dos ocasiones y soy testigo de que ninguna mano humana ha causado esta “destrucción”. Simplemente las raíces de estos árboles caídos no tenían el aguante para resistir a los elementos, pues sus semillas habían germinado en lugares inhóspitos y desprotegidos, en terrenos empinados y poco propicios para sostener la vida durante estas tormentas. Sus raíces habían estado perfectamente capaces de soportar los árboles en tiempos normales, pero insuficientes para que pudieran agarrarse en tiempos excepcionales.

Y me pregunto otra vez, “Si se supone que la Naturaleza es fructífera, que los árboles en general siguen a pesar de que unos ejemplares particulares caigan y mueran y si se supone que la naturaleza no siente sufrimiento al respecto, ¿cómo puedo yo “ser” la Naturaleza?

Puede que la respuesta sea, “seguir generando más vida”.

Los árboles muertos parecen tardar un tiempo en regenerase, pero también parece que su vida sigue en otras formas. Pueden dar vida a los insectos, que darán vida a los pájaros, que darán vida a los zorros, que darán vida a... y, al final de la identidad que le hemos puesto como árbol, se desintegrará y se hará uno con la tierra, cuya fertilidad alimentará las próximas semillas. Y se supone que todo este proceso de impermanencia y transformación pasará en el árbol sin ningún sufrimiento mental y sin ningún yo.

Entonces, si quisiera “ser” la Naturaleza, debo sentir que mientras haya condiciones fértiles para sostener la vida del árbol, el árbol vivirá, y cuando no cumplen estas condiciones, el árbol como tal, morirá, pero que la fuerza de la vida seguirá en sus varias formas.

Supongo que es lo que busco en la pre-programación de mis meditaciones… este sentido de que “soy” la Naturaleza… que sigo creando vida aunque sólo sea la regeneración de una sola célula de mi cuerpo y que la vida y la muerte se soportan mutuamente cada vez que se inflan o desinflan mis pulmones. Al fin y al cabo, la Naturaleza no sabe de pensar…simplemente sigue generando vida de la muerte y muerte de la vida.



Las Flores de Primavera



Seguramente la supervivencia en la naturaleza no consiste en salir fuera de la casa y experimentar la belleza de la primavera con ojos tan nuevos como si la viera por primera vez ni en experimentar sus flores jóvenes brotando tal como lo han hecho año tras año, siempre las mismas, pero siempre otras. ¿Y las hierbas tan verdes que te deslumbran los ojos? ¿Es esa la experiencia de sobrevivir que buscamos en nuestras meditaciones? Parece demasiado bello para ser un tema de estas contemplaciones. Seguramente no será eso. Tampoco puede consistir en observar qué plantas han supervivido el invierno y maravillarme de ello.


Pero, ¿por qué no? ¿Por qué no pueden significar todas estas experiencias bellas la supervivencia en la naturaleza? Al salir fuera y mirar lo que hay, los impulsos de actuar en la naturaleza me aparecen sin que la mente intervenga, aunque inmediatamente después del primer impulso, la cognición se interpone entre mí, mis impulsos y el ambiente, hablándome en su voz inconfundible e insistente … “estas son las flores que planté el año pasado, qué bien han arraigado… quizás debería podar los cerezos, si no, no tendremos cerezas este año… y ¿si sacara las malas hierbas?, pueden estrangular las flores… Una vez se pone en marcha, la voz de la cognición vinculada a la identidad es imparable… “debo recoger los espárragos, porque estaban tan ricos la otra noche…”


No obstante, a pesar de la intervención de esta voz que se regocija en desarrollar todos mis impulsos en cadenas de pensamientos, es cierto que hubo estos primeros impulsos… de recoger ramas caídas… de observar los colores tan chocantes de las pequeñitas flores contra el fondo verde oscuro de hojas gigantes… de ver la vida vibrante… y de imaginar, una vez más, cómo sería si, en vez de seguir los impulsos de la propia naturaleza, dejara que la mente siga desconectada de la fuerza de la vida y formara parte de la destrucción de esta regeneración tan asombrosa.



Volver a tocar a la raíz




De lobos semejantes a los de la foto descienden nuestros perros, desde el San Bernardo hasta el Lhasa Apso: los llamados “mejores amigos del hombre”, con los que llevamos conviviendo unos catorce mil años.


Se podría decir que los perros, igual que otros animales que aceptaron la simbiosis con nosotros, tuvieron relativa buena suerte. En cambio, sus primos, que permanecieron sin domesticar en su ambiente natural, ajenos y a menudo en conflicto con un hombre cada vez más alienado de la naturaleza, han pagado un precio desorbitado por ello: su exterminio casi total.


Con el ser humano y los animales, a veces parece cierta la frase de que “quien no está conmigo está contra mí”. Por mucho que a unos los llamemos civilizados y a otros salvajes, ¿cuál de los dos es en realidad el más feroz y destructivo?


Sin embargo, todos –lobos, humanos y perros, gatos, canarios y peces de colores– vibramos con la misma fuerza de vida mientras compartimos nuestro breve paso por en este planeta. En esa fuente, que es común a nuestras diversas naturalezas, podemos encontrar la clave que nos permita una relación más armoniosa y equilibrada con los animales que hemos puesto bajo nuestro cuidado y con todos los seres vivos de este mundo precioso, amenazado por la insensatez de su mayor depredador.


Es algo que conviene tener presente en nuestro trato con todos los animales, sobre todo los de compañía: ¿hasta qué punto hacemos violencia a su propia naturaleza cuando nos esforzamos por encajarlos en nuestros esquemas de vida moderna?




EL ARTE DEL ASOMBRO

¿
















¿Se creó el universo a sí mismo o fue creado por un agente externo?

Podríamos argumentar y llegar a un acuerdo, o no, sobre la aparición del universo.
 

Podríamos adoptar el punto de vista de que todo esto fue creado en seis días y al séptimo Dios se jubiló.


Podríamos adoptar el punto de vista de la teoría del big-bang.


Pero cualquiera que sea el punto de vista o teoría que defendamos aún tenemos que responder a la siguiente pregunta: ¿Quién estaba allí para ver que eso fue así?


Como habrás intuido, la percepción es necesaria y simultánea a la aparición de cualquier cosa en nuestra mente (esse est percipi), es decir, «el ser de las cosas es porque son percibidas».


Todo este conceptualismo florece cuando se marchita, dejando el campo de la percepción abierto al ''sentir''.


Al expandir nuestro campo de percepción al ''sentir'' puede que nos demos cuenta de un secreto a voces... ¡¡¡HAY VIDA!!! .


La montaña, el río y el mar están vivos. El planeta está vivo.


Será este redescubrimiento (¡¡¡HAY VIDA!!!) y el arte de asombrarse en él, el que traiga la sensibilidad necesaria para proteger el planeta y todo lo que depende de él para su supervivencia.

Publicado por EL DRAGÓN DE LA MONTAÑA 
 
Comments